Vender y organizarte
Cómo crear un catálogo online para tu emprendimiento
De las cuarenta fotos sueltas en WhatsApp a un catálogo con link propio: qué mostrar de cada producto, cómo organizarlo para que se entienda y cómo hacer que tu clienta te arme el pedido desde ahí.
Por Male De Santos · Rincón de Ideas · · 13 min de lectura
Imaginate que te escribe una clienta porque necesita cosas para el cumple de 5 de la nena.
«Hola, ¿qué hacés para candy bar?»
Y ahí arrancás. Foto. Foto. Audio explicando las medidas. Otra foto. «Ese es de 15 cm». «Ah, pará, ese modelo ya no lo hago». Otra foto. «El precio de ese cambió, dejame que te confirmo». Audio. «Esperá que te busco otra opción que tengo». Foto.
Veinte minutos después seguís buscando fotos en la galería del celular, ella todavía no entendió bien qué le podés hacer, y vos ya contestaste lo mismo que le contestaste a otras seis clientas esta semana.
Ahora imaginate poder responderle con un solo link.
De eso se trata este artículo.
Y quiero aclarar algo desde el principio, porque solemos pensar el catálogo como una cuestión de estética: un catálogo no es solamente algo lindo para mostrar. Es, sobre todo, algo que te devuelve tiempo y que le hace muchísimo más fácil comprarte a la persona del otro lado.
1. ¿Necesito un catálogo si ya vendo por Instagram y WhatsApp?
Sí, y te explico por qué sin decirte que las redes están mal, porque no lo están.
Cada cosa sirve para algo distinto
Instagram es buenísimo para que te descubran. Alguien ve una historia de una amiga, entra a tu perfil, le encanta cómo trabajás. Perfecto, ahí ganaste.
Pero después viene la otra parte: esa persona quiere ver todo lo que hacés y elegir. Y ahí el feed empieza a jugar en contra.
Lo que el feed no puede hacer por vos
Pensalo desde el lado de tu clienta:
- El posteo de las cajitas que te quedaron divinas es de hace cuatro meses y está enterrado abajo de doscientas publicaciones.
- No puede ver juntos todos los toppers que hacés: están desparramados entre reels, carruseles y stories vencidas.
- No sabe qué medidas tienen, ni qué incluye cada cosa, ni si hay cantidad mínima.
- No puede comparar dos opciones sin scrollear para arriba y para abajo.
- Y para saber un precio, tiene que escribirte. Muchas no lo hacen.
Un catálogo resuelve exactamente eso: pone en un mismo lugar y ordenado todo lo que hacés, con las fotos, las características, las opciones y la información que necesita para decidir.
Las redes hacen que te encuentren. El catálogo hace que te elijan.
Y no reemplazan una a la otra. Se complementan, y bastante bien. Sobre eso volvemos al final.
2. PDF, imágenes o catálogo online: cuál te conviene
Hoy tenés tres caminos posibles. Te los cuento sin vueltas, con lo bueno y lo no tan bueno de cada uno.
Catálogo en PDF
El clásico. Lo armás en Canva, lo exportás y lo mandás.
Lo buenoCuidás tu identidad visual a full. Lo ordenás por categorías y podés mandar solo la categoría que te pidieron, en vez del catálogo entero. Se ve igual en todos lados.
Lo que cuestaCada vez que cambia un precio o sumás un producto, tenés que editarlo, exportarlo de nuevo y volver a mandarlo. Y las versiones viejas siguen dando vueltas en los celulares de todo el mundo.
Catálogo en imágenes
Placas sueltas, una por producto o por categoría, pensadas para el celular.
Lo buenoEs lo más rápido de armar y de mandar. Se ve directo en el chat, sin descargar nada. Sirve muy bien si tenés pocos productos.
Lo que cuestaCon muchos productos se vuelve un montón de archivos sueltos. Y actualizar significa rehacer placas de a una.
Catálogo online
Una página tuya, con su link, que tu clienta abre cuando quiere.
Lo buenoLo actualizás una vez y queda actualizado para todos, incluso para quien recibió el link hace tres meses. No hay versiones viejas dando vueltas. Y según la herramienta, tu clienta puede armar el pedido ahí mismo.
Lo que cuestaNecesitás una herramienta que te lo permita, y sentarte una vez a cargar los productos.
Entonces, ¿cuál elijo?
Te lo digo honestamente: si recién arrancás, usá el que puedas. Un PDF hecho en Canva con diez productos bien mostrados es infinitamente mejor que no tener nada esperando armar algo perfecto.
El problema no aparece al principio. Aparece después, cuando:
- Tenés cada vez más productos y el archivo se vuelve inmanejable.
- Los precios cambian seguido y vivís rehaciendo el PDF.
- Te llegan muchas consultas y contestás siempre lo mismo.
- Te das cuenta de que hay gente con una versión de tu catálogo de hace medio año.
Ahí es donde tener el catálogo online te simplifica muchísimo el trabajo.
3. Qué tiene que mostrar cada producto de tu catálogo
Antes de meternos: acá vamos a hablar de cada producto. Lo otro, o sea la identidad de marca del catálogo en general, el formato, dónde va tu logo, ya lo desarrollamos en este artículo sobre qué no le puede faltar a un catálogo. Si todavía no lo leíste, empezá por ahí y volvé.
Ahora sí. Cada producto de tu catálogo necesita seis cosas, y ni una menos.
1. Una foto que se entienda
Que sea del producto real y hecho por vos. Buena luz, el detalle a la vista, el producto solo y no perdido arriba de la mesa entre la tijera y el mate.
¿Y si todavía no tenés fotos porque no vendiste nada? Hacé una o dos muestras de las temáticas que más te gustan, como si fueran un pedido real, y fotografiá eso. Son productos tuyos, hechos con tus manos.
Y si por alguna razón usás una foto que no es tuya, aclaralo. Un «foto de referencia» abajo alcanza. Es preferible eso a que te llegue un reclamo porque lo que entregaste no era exactamente lo de la imagen.
2. Un nombre que tu clienta entienda
Este es un error silencioso pero muy común: ponerle a los productos el nombre que usamos nosotras adentro.
«Caja modelo 3» no le dice nada a nadie. «Combo B» tampoco. Vos sabés qué es, tu clienta no.
Poné lo que la persona buscaría: «Caja para golosinas personalizada», «Topper para torta», «Bolsita para souvenir». Sin misterio.
3. Una descripción corta pero útil
Cortita. Dos o tres renglones. Pero que conteste lo que igual te iban a preguntar por WhatsApp:
- Qué incluye (¿viene armado? ¿con la golosina adentro? ¿con el palito?)
- La medida aproximada
- El material (en qué papel está hecho, si va laminado)
- Si es personalizable y con qué: nombre, edad, temática
- Cantidad mínima, si tenés
Cada uno de esos datos es un mensaje que no vas a tener que contestar. Y son, casualmente, siempre los mismos cinco.
Corta de verdad. No un párrafo enorme contando la historia del producto. Nadie lee eso en un catálogo. Si algo necesita mucha explicación, va en la conversación, no en la ficha.
4. El precio, cuando corresponde
Le dedico una sección entera más abajo porque da para más. Adelanto: en general, sí.
5. Cómo se pide
Este es el punto que más se olvida y el más importante de todos.
Tu clienta miró todo, le gustó algo y piensa: «bueno, me encantó esto». Y ahí se queda.
¿Ahora qué hace? ¿Te escribe? ¿A dónde? ¿Te dice el número del producto? ¿Hay un botón?
Si no se lo decís vos, muchas simplemente cierran el catálogo y no hacen nada. No porque no quieran comprarte: porque no supieron cómo.
6. Los datos de tu emprendimiento
Tu nombre o el de tu marca, cómo contactarte, tu Instagram, la zona donde entregás o si hacés envíos. Poco y claro, pero que esté.
4. El error más común: un catálogo hermoso donde no se entiende cómo comprar
Vi catálogos preciosos, diseñados con muchísimo amor, que no venden nada. Y casi siempre es por lo mismo.
Los armamos pensando en cómo se ven, y no en cómo los usa la persona del otro lado.
Estas son las trampas típicas:
- Demasiada información. Cuando todo parece importante, nada lo parece.
- Letra diminuta. Se ve divina en tu pantalla de compu. Tu clienta lo va a abrir en el celular, con el nene a upa, mientras espera en la cola del banco.
- Categorías que solo entendés vos. «Línea Premium» y «Línea Clásica» no le dicen nada a alguien que busca una caja para golosinas.
- Fotos donde no se entiende qué es. Muy de lejos, con mil cosas alrededor, o tan de cerca que no se sabe el tamaño.
- Productos sin precio ni explicación. Una foto sola no alcanza para decidir.
- Información desactualizada. El clásico «ese ya no lo hago» después de que se enamoró.
- Y el más grave: que no quede claro cómo pedir.
Pasale tu catálogo a alguien que no tenga idea de lo que hacés. Tu hermana, una amiga, tu mamá. No le expliques nada. Solo decile: «elegí algo y pedímelo».
Mirá dónde se traba. Ahí está tu problema, y no en la tipografía.
El catálogo no lo hacemos para nosotras. Lo hacemos para nuestra clienta.
5. Cómo organizar tus productos
Categorías: pocas y claras
La regla es simple: tu clienta tiene que encontrar lo que busca en dos toques.
Para un emprendimiento de papelería y candy bar, categorías que funcionan:
- Cajas
- Golosinas personalizadas
- Toppers
- Souvenirs
- Invitaciones
- Kits completos
Seis. No treinta. Cuando armás veinte categorías con dos productos cada una, no ayudás a nadie: obligás a tu clienta a abrir veinte carpetas para ver qué hay.
Y un criterio para el orden: arriba lo que más vendés. No lo que más te gusta hacer, ni lo más caro. Lo que más te piden.
La ficha de cada producto
Siempre la misma estructura, para todos. Cuando cambiás el formato de producto en producto, la lectura se vuelve cansadora.
- Foto
- Topper armado sobre fondo liso, con buena luz, que se vean las capas.
- Nombre
- Topper personalizado en capas
- Descripción
- Topper en capas personalizado con nombre y temática. Aproximadamente 15 cm. Incluye palito transparente. Mínimo: 1 unidad.
- Precio
- $X por unidad
- Cómo se pide
- Agregar al pedido
Cinco elementos. Siempre los mismos, siempre en el mismo orden. Con eso tu clienta aprende a leer tu catálogo en el primer producto y después va rapidísimo.
6. ¿Conviene poner los precios en el catálogo?
Es de las preguntas que más me hacen, y hay bastante miedo alrededor. Te doy mi opinión sin vueltas: en general sí, conviene.
Por qué
- Tu clienta decide más rápido. Ve, le cierra, avanza. Sin esperar tu respuesta.
- Te ahorra muchísimas preguntas. Menos «¿cuánto sale?» sueltos a las once de la noche.
- Le permite comparar tus propias opciones y armarse el pedido según lo que tiene para gastar.
- Y filtra. Esto es lo que más se subestima. Si tu producto no entra en el presupuesto de alguien, es mejor que se dé cuenta sola antes que después de veinte mensajes.
Ese último punto vale oro. Las consultas que no van a cerrar igual te consumen tiempo. Que se filtren antes es un regalo.
¿Y los productos donde el precio depende de mil cosas?
Pasa, sobre todo con kits completos y personalizados grandes. Ahí tenés dos salidas que funcionan bien:
- Precio por unidad con mínimo. «$X por unidad, mínimo 10». La clienta ya sabe en qué rango se mueve.
- Precio desde. «Kit completo desde $X». Con una línea aclarando de qué depende: cantidad de invitados, cantidad de productos, temática.
Lo que no te recomiendo es dejar todo en «consultar». Si en tu catálogo entero no hay un solo número, la persona no tiene forma de saber si está en el lugar correcto.
Ahora, el precio tiene que estar bien
Y acá va la parte incómoda, que es la más importante.
No sirve de nada un catálogo hermoso si los precios que están ahí publicados quedaron viejos, o peor, si nunca estuvieron bien calculados.
Publicar un precio es comprometerte con ese número. Si lo sacaste sumando papel y tinta, sin contar tu tiempo ni tus gastos, lo que estás haciendo es publicar tu propia pérdida y que además te la vengan a reclamar.
Si no estás del todo segura de cómo sacaste tus precios, frená acá y leé primero cómo calcular el precio de tus productos. Ahí está la cuenta completa: materiales, tu tiempo, gastos y ganancia.
Un catálogo con precios mal calculados no es un catálogo: es una promesa de trabajar gratis.
7. Del catálogo que se manda al catálogo que recibe pedidos
Durante muchísimos años armamos los catálogos en PDF o en placas, y funcionan. Yo hice unos cuantos así. No hay nada malo en eso.
Pero hoy podemos ir un poquito más allá, y la diferencia es más grande de lo que parece.
Un archivo es una foto del momento. Lo exportaste un martes con esos precios y esos productos, y ahí quedó congelado. Cada persona que lo recibió tiene su propia copia, cada una de un momento distinto. Vos no controlás ninguna.
Un link, en cambio, está vivo. Es siempre el mismo link y muestra siempre lo último. Actualizás un precio hoy y la clienta que guardó ese link hace cuatro meses ve el precio nuevo.
Y hay algo más, que es lo que de verdad cambia el trabajo: si el catálogo está online, tu clienta puede armar el pedido ahí mismo. No tiene que anotar en un papel qué le gustó y después escribirte para dictártelo.
Deja de ser algo que mostrás y pasa a ser algo por donde te compran.
8. Cómo armar tu catálogo online con BaseNegocio
Te cuento cómo lo resolvemos nosotras, con BaseNegocio, que es la herramienta que armamos acá en Rincón de Ideas.
Los productos que ya cargaste son tu catálogo
Esta es la parte que más me gusta y la que menos se nota al principio.
En BaseNegocio cargás tus productos una vez, con sus materiales, su tiempo y su precio. Esos mismos productos son los que armás en tu catálogo.
O sea que no estás manteniendo dos cosas separadas: una lista de precios por un lado y un catálogo por otro, cada uno desactualizándose a su ritmo. Es el mismo lugar.
Con tus colores y tu información
El catálogo es público y personalizable: cargás tus productos y lo personalizás con tus colores y tu información. Tu clienta ve cada producto con su foto, su categoría, su precio y un botón para agregarlo.
Un link para Instagram y para WhatsApp
Te queda tu propia página con tus productos, lista para poner en el link de la bio o pasar por WhatsApp cuando te consultan. Tus clientas lo pueden ver siempre, sin que vos tengas que mandar nada.
Y tu clienta arma el pedido sola
Esta es la diferencia grande con un PDF. Tus clientas miran y te arman el pedido ellas mismas, y vos recibís los pedidos directamente desde ahí.
Después ese pedido lo seguís gestionando en el mismo lugar: en qué estado está, la seña, el saldo, el recibo.
Tu clienta ve el precio final y nada más. Tus costos y tu ganancia quedan solo para vos, aunque estén cargados en el mismo lugar.
¿Querés tener tu catálogo con link propio? Cargás tus productos una vez, lo personalizás con tus colores y ya lo podés compartir. Y desde ahí te llegan los pedidos.
9. Cómo se ve esto en un emprendimiento de papelería
Te lo cuento con una escena, que se entiende mejor.
Caro tiene un emprendimiento de papelería para eventos. Hace milk box, toppers, golosinas personalizadas, bolsitas y kits completos por temática.
Un domingo a la tarde se sienta y carga sus productos: cada uno con su foto, su nombre, su descripción y su precio. Los agrupa en cinco categorías. Le pone sus colores y sus datos. Le lleva un rato, sí, pero lo hace una sola vez.
Después agarra el link y lo pone en tres lugares: en la bio de Instagram, en una historia destacada que se llama «catálogo», y guardado en las respuestas rápidas del WhatsApp.
El martes le escribe una mamá que está organizando el cumple de 5 de la hija.
«Hola, ¿qué hacés para candy bar?»
Caro le manda el link. Nada más.
La mamá entra desde el celular, mira las cinco categorías, abre toppers, ve las medidas y el precio, agrega dos. Después va a golosinas personalizadas, agrega chocolatines y bolsitas. Ve los kits, se tienta, agrega uno. Arma su pedido tranquila, un martes a las once de la noche, cuando la nena ya está durmiendo.
Caro recibe el pedido armado. Ya sabe qué quiere, cuánto de cada cosa y cuánto suma.
Recién ahí se escriben, y la conversación es la que vale la pena: la fecha del evento, la temática, si necesita envío. No veinte mensajes para juntar la información básica.
Caro no vendió más porque tenga mejores productos. Vendió más porque le hizo más fácil comprarle.
10. Un catálogo desactualizado es peor que no tener catálogo
Suena exagerado, pero pensalo.
Si no tenés catálogo, tu clienta te pregunta y vos le contestás con información correcta. Si tenés uno desactualizado, ella se ilusiona con algo que ya no hacés, o con un precio que ya no existe. Y esa desilusión la manejás vos, en el peor momento posible: cuando ya se había decidido.
Las cuatro cosas que más se pudren:
- Productos que ya no hacés. Se sacan. Aunque te dé pena porque te quedaban lindos.
- Precios viejos. Los más peligrosos, sobre todo cuando los insumos vienen subiendo.
- Fotos que no representan lo que hacés hoy. Si mejoraste un montón en un año, y todos mejoramos, tus fotos viejas te están vendiendo peor de lo que sos.
- Productos nuevos que nunca sumaste. Estás haciendo cosas hermosas que nadie sabe que hacés.
Acá está la ventaja concreta del catálogo online, y la digo sin dar mucha vuelta porque ya la explicamos arriba: lo actualizás una vez y queda actualizado para todo el mundo. Incluso para quien tiene tu link guardado desde hace meses. Con un PDF, cada corrección es un archivo nuevo que tenés que volver a repartir.
11. Cómo compartir tu catálogo para que realmente lo vean
De poco sirve armarlo si después queda escondido. Estos son los lugares que funcionan:
- El link en la bio de Instagram. Es lo primero que mira alguien que llega a tu perfil.
- Una historia destacada que diga «catálogo», bien visible arriba de todo. Y actualizala si cambia el link.
- Guardado en las respuestas rápidas de WhatsApp. Armate un mensajito tipo «¡Hola! Acá podés ver todo lo que hacemos con precios y medidas 👉 [link]». Lo mandás en dos segundos.
- Como respuesta a cada consulta. Que sea lo primero que mandás, siempre.
- Un QR en el packaging o en tu tarjeta. Quien ya te compró es quien más chances tiene de volver a comprarte. Que llegue a tu catálogo desde la cajita que recibió es de lo más efectivo que hay.
- Cuando mandás un presupuesto. Sumá el link por si quiere agregar algo más.
Cuando compartas el link, escribí qué van a encontrar. No mandes la URL pelada. «Acá está todo con precios y medidas» hace que lo abran mucho más que un link solo, que puede parecer cualquier cosa.
12. Catálogo, Instagram y WhatsApp: no tenés que elegir uno
Existe la idea de que si armás un catálogo ya no necesitás las redes, o al revés. No es así. Cada cosa hace una parte del camino.
-
Instagram: que te descubran
Mostrás lo que hacés, contás cómo trabajás, generás ganas. Acá te conocen y deciden si les gustás.
-
El catálogo: que elijan
Acá ven todo junto y ordenado, con precios y medidas, y arman lo que quieren sin depender de que vos estés disponible.
-
WhatsApp: que cierren
Para lo que sí necesita conversación: la fecha, la temática, un detalle especial, la forma de pago. Pero ya con el pedido armado.
-
Tu sistema: que no se te escape nada
El pedido, la seña, el saldo, la entrega. Todo en un lugar y no repartido entre chats.
Cuando las cuatro cosas trabajan juntas, cada una hace lo que mejor sabe hacer. Y vos dejás de usar WhatsApp para todo, que es lo que más cansa.
13. Errores que hacen que un catálogo no funcione
Un repaso rápido de todo lo que vimos, para que lo tengas junto:
- Poner todos los productos sin categorías. Una lista infinita donde nadie encuentra nada.
- Fotos oscuras, movidas o donde no se entiende qué es.
- Descripciones confusas o que no contestan lo básico: medida, material, qué incluye.
- Precios viejos. O peor: precios que nunca estuvieron bien calculados.
- No explicar cómo se compra. El error más caro de todos.
- Demasiados diseños y efectos que compiten con los productos.
- Letra chiquita pensada para pantalla de compu cuando se va a leer en un celular.
- Armarlo y no volver a tocarlo nunca.
- Mandar un archivo pesadísimo que tarda una eternidad en abrir.
- Pensar solo en cómo se ve y no en cómo compra tu clienta.
14. No necesitás ser diseñadora para empezar
Si llegaste hasta acá capaz estás pensando «uf, es un montón». No lo es.
Tu primer catálogo no tiene que ser perfecto. Va a ser feo comparado con el que tengas en dos años, y está perfecto que así sea. El mío era horrible.
Necesita cuatro cosas, nada más:
- Claro: que se entienda qué es cada producto.
- Ordenado: categorías simples, todo con el mismo formato.
- Actualizado: que lo que está ahí sea lo que realmente hacés y al precio que cobrás hoy.
- Fácil de comprar: que quede clarísimo cómo se pide.
Lo lindo suma, claro que suma. Pero suma después. Primero tiene que funcionar.
Empezá con cinco o seis productos, los que más vendés. Sacales fotos decentes. Escribí las descripciones. Poné los precios. Listo, ya tenés catálogo. Después vas sumando.
¿Querés que además quede lindo? En el curso de Canva para emprendimientos vemos identidad visual desde cero (colores, tipografías, estilo) y cómo diseñar tus catálogos y tu papelería comercial.
Empezá con lo que tenés hoy
Si hasta ahora tu catálogo eran cuarenta fotos guardadas en la galería del celular y algunos audios explicando medidas, no pasa absolutamente nada. Todas empezamos organizándonos como podíamos, y con eso vendimos.
Pero cuando empiezan a llegar más consultas y más pedidos, tener todo ordenado cambia muchísimo la forma de trabajar. No porque te haga más profesional de golpe, sino por algo más simple: te devuelve horas y le saca fricción a la persona que te quiere comprar.
Vender más no siempre es conseguir más clientas. A veces es hacerle más fácil comprarte a las que ya te escribieron.
Armá tu catálogo esta semana. Aunque sea con seis productos. Vas a ver la diferencia en la primera consulta que contestes con un link en vez de con quince fotos.
Tu catálogo online, con link propio
Con BaseNegocio cargás tus productos una vez y armás tu catálogo público, personalizado con tus colores, para compartir por Instagram y WhatsApp. Tus clientas miran, arman su pedido y vos lo recibís directamente desde ahí.
Y desde el mismo lugar seguís con lo demás: precios, presupuestos, pedidos, cobros y clientes.
Contame: ¿ya tenés catálogo o seguís mandando fotos sueltas? Te leo acá abajo.
Male.
Preguntas frecuentes
¿Qué es un catálogo online y en qué se diferencia de uno en PDF?
Un catálogo online es una página con su propio link, donde tus clientas entran cuando quieren para ver tus productos con foto, descripción y precio. La diferencia principal con un PDF es que el archivo es una copia congelada del momento en que lo exportaste, mientras que el link muestra siempre la información actualizada.
Cuando cambiás un precio en un PDF tenés que volver a exportarlo y reenviarlo, y las versiones viejas siguen circulando. En un catálogo online lo actualizás una vez y queda actualizado para todos, incluso para quien guardó el link hace meses. Además, según la herramienta, tu clienta puede armar el pedido desde ahí mismo.
¿Es mejor un catálogo en PDF o un catálogo online?
Depende de en qué momento estés. Si recién arrancás y tenés pocos productos, un PDF bien hecho funciona perfecto y es más rápido de armar. Tiene una ventaja concreta: podés mandar solo la categoría que te pidieron en vez del catálogo completo.
El catálogo online conviene cuando tenés muchos productos, cuando los precios cambian seguido o cuando recibís muchas consultas. Ahí el trabajo de mantener actualizado un archivo se vuelve pesado, y un link que se actualiza solo te simplifica muchísimo.
¿Tengo que poner los precios en mi catálogo?
En general sí conviene. Tu clienta decide más rápido, te ahorra muchas consultas repetidas, puede comparar tus opciones y armarse el pedido según su presupuesto. Y filtra las consultas que no iban a cerrar, que igual te consumen tiempo.
Para productos donde el precio depende de variables, como kits completos o personalizados grandes, podés usar precio por unidad con cantidad mínima, o «desde $X» aclarando de qué depende. Lo que no conviene es dejar todo en «consultar»: sin ningún número, la persona no sabe si está en el lugar correcto.
¿Cómo comparto mi catálogo por WhatsApp?
Si es un catálogo online, guardá el link en las respuestas rápidas de WhatsApp con un mensaje corto que diga qué van a encontrar, por ejemplo «acá podés ver todo con precios y medidas». No mandes la URL pelada: si escribís qué hay del otro lado, lo abren mucho más.
Si es un PDF, mandalo liviano para que abra rápido, y si tenés el catálogo dividido por categorías, mandá solo la que te pidieron en vez del archivo completo.
¿Puedo hacer un catálogo si recién empiezo y tengo pocos productos?
Sí, y de hecho conviene. Empezá con cinco o seis productos, los que más vendés o los que mejor te salen. No necesita ser perfecto ni tener todo lo que sabés hacer.
Si todavía no vendiste y no tenés fotos, hacé una o dos muestras como si fueran un pedido real y fotografiá eso: son productos tuyos, hechos por vos. Tu primer catálogo solo necesita ser claro, ordenado, estar actualizado y que se entienda cómo se compra. Lo lindo llega después.
¿Cómo organizo mis productos por categorías?
Con categorías pocas y claras, que tu clienta entienda sin explicación. Para papelería y candy bar funcionan bien: cajas, golosinas personalizadas, toppers, souvenirs, invitaciones y kits completos.
Evitá armar veinte categorías con dos productos cada una, y evitá nombres internos como «línea premium» que no le dicen nada a quien busca una caja para golosinas. Poné arriba las categorías de lo que más vendés, no lo que más te gusta hacer. Tu clienta tiene que llegar a lo que busca en dos toques.